María Calvo, jugadora de rugby, contra los estigmas del físico en el deporte: «Si me hubiese aceptado antes, estaríamos mejor»
«Yo siempre he sentido que lo mío no eran los deportes. Se me daban mal todos», admite María Calvo, jugadora de la selección española tanto de rugby XV como de rugby sevens, combinado con el que va a disputar la segunda parada del World Championship Sevens Series en Valladolid del 29 al 31 de mayo de 2026.
Alguien que ahora ve factible disputar los próximos Juegos Olímpicos de LA28 («sobre todo porque trabajamos por ello»), vio en su día serias lagunas a eso de estar activa. «No era rápida para el atletismo. El fútbol se me daba mal. No encontraba mi lugar».
Hasta que con ocho años su madre le insistió en que probara el rugby. «De pequeña era grandota, era alta, así que se me daba bien».
Pero esos adjetivos tan apropiados para su deporte parecían no serlo para la sociedad.
«Soy una chica que juega a rugby desde pequeña, que ha luchado mucho contra el estigma este sobre el cuerpo de la mujer que hace rugby. Incluso he vivido en mis propias carnes decirme a mí misma ‘Buah, es que estoy sacando brazos y me da vergüenza; me veo muy grande; me veo muy ancha'», reconoce.
Con estas afirmaciones, no solo propias, sino sociales, «se está limitando el cuerpo de la mujer a determinados deportes» y las críticas al respecto ya las ha oído: «Que si desarrollas mucho músculo, que si eres muy bruta…».
«…Y madre mía. Qué pena. Es una pena lo que se pierde la gente por el qué dirán. Pero sobre todo, porque, que una mujer tenga más o menos músculo, no significa que tenga un cuerpo más o menos bonito. Esto no tiene ni pies ni cabeza, la verdad. Son tonterías que se han dicho toda la vida y que por fin empiezan a cambiar«.
Los estereotipos físicos en el deporte, una batalla a trabajar
Ese cambio es parcialmente social, y se puede evolucionar «dándole visibilidad y aceptando que el deporte no es llegar a un tipo determinado de cuerpo».
Pero, según Calvo, también es un caballo de batalla personal que no hay que dejarlo atrás, sino lucharlo con las armas correctas.
«Hay que trabajarlo y hay que mejorarlo. Yo he sido la primera que me he sentido mal con mi cuerpo y que no me ha gustado. Y hacer tonterías es muy fácil, pero por ahí las cosas van mal», explica con prudencia.
«La salida es aceptarse. Y si no te gustas del todo, pues trabajarte para gustarte más. Y trabajarte bien».
Ella necesitó tiempo «y cuando creces, te das la cuenta de lo mal que es pensar esto y de toda la energía gastada en ello».

